lunes, 30 de agosto de 2004

NOCTURNA "RUTA DEL WOLFRAM" Y "PEÑA DEL SEO" (Cadafresnas) 28/29-08-04

 


VIII TRAVESÍA NOCTURNA.

2ª TRAVESÍA “RUTA DEL WÓLFRAM”. 2ª ASCENSIÓN A LA “PEÑA DEL SEO”.

28/29-08-04

Siguiendo la tradición comenzada en el año 1997, hemos realizado la habitual travesía nocturna estival, lo que no deja de ser una experiencia fuera de lo habitual y totalmente satisfactoria.
En esta ocasión, como en todas las anteriores, hemos elegido una ruta ya conocida por al menos alguno de los participantes, ya que a pesar de ser actividades completamente sencillas, no dejan de tener la “dificultad” de la oscuridad nocturna. Esta vez realizamos la “Ruta del Wólfram”, en la zona berciana de Cadafresnas, y que fue ampliada por parte del reducido grupo con la ascensión a la Peña del Seo.
La experiencia y recuerdo personal que me ha quedado de la misma ha sido realmente inolvidable. Tanto las experiencias vividas como los paisajes, tanto nocturnos como diurnos, contemplados, me han quedado grabados profundamente en la memoria. Por suerte las fotos realizadas ayudan a mantener esa memoria fotográfica más viva posteriormente.
Pero bueno, sin más vacilaciones comenzaré el relato de lo acontecido lo más fielmente posible.

SÁBADO 28
Por razones personales de trabajo, tuve que retrasar la salida hasta última hora de la tarde de este sábado. Como solo íbamos cuatro participantes, optamos por ir en un coche solo y se acoplaron a mi horario. Con todo ello, y tras cenar en casa, me recogió Luis en la carretera frente al Bosco. Seguidamente subimos a por Carlos, que estaba arriba en el pueblo. Como no había podido contactar con Luis en todo el día para decirle que pasase antes a recoger a Guiomar en León, lo hicimos ahora. En las cercanías de los juzgados nos esperaba y así completamos el reducido grupo que nos habíamos decidido por esta experiencia noctámbula.
Ya pasadas las 21:30 horas emprendimos el viaje de 150 Km hasta Cadafresnas. Por la nacional circulamos moderadamente hasta Astorga. Aquí entramos en la autovía cuando ya había anochecido casi por completo. Charlando y demás fuimos dejando los kilómetros atrás y en la salida de Villafranca del Bierzo abandonamos esta vía rápida. Cogimos entonces la carretera hacia Corullón por el que pasamos poco después para comenzar a subir un puerto en el que se encuentra el mirador del mismo nombre. En él nos detuvimos unos minutos a contemplar el bello paisaje nocturno del valle con las luces de Villafranca y todos los demás pueblos del mismo. Era las 23:30 horas.
Continuamos enseguida por aquella estrecha carretera dejando atrás algunos cruces cuando de pronto, al lado de la misma, contemplamos una manada de unos 10 o 12 jabatos. Tras parar el coche salí cámara en mano siendo inútil todo intento por fotografiarles. En un instante desaparecieron monte arriba amparados por la oscuridad de la noche. Realmente fue una lástima no haber dejado plasmado este momento con alguna foto.
Con esa pequeña decepción reemprendimos la marcha entrando poco después en el valle de Cadafresnas. Con la carretera recién asfaltada y la consiguiente gravilla suelta, extremamos la precaución dado su estrechez y las numerosas curvas de su trazado.

DOMINGO 29
Aproximadamente a media noche llegamos a dicho pueblo donde nos sorprendió ver numeroso personal y coches por la calle. El pueblo se asienta en una ladera del valle siendo mas bien alargado. Atravesamos gran parte de él y cerca de su final, ya que es el último del valle, encontramos un lugar donde aparcar nuestro vehículo. La noche estaba fresca, aunque despejada tras un día con algunas brumas que nos hicieron temer lo peor.
Un cuarto de hora después de llegar emprendimos la aventura. Linterna en mano, o frontal en cabeza, salimos del pueblo por una pista ancha que ladea todo el valle. La ruta está señalizada con indicadores al lado de la misma en puntos donde puede haber confusión por los cruces. La vista nocturna del valle y el pueblo tras alejarnos un poco de él era verdaderamente bella. La cámara digital de Luis dispone de la opción de sacar fotos con exposiciones largas, por lo que la aprovechamos para sacar algunas fotos increíbles durante la travesía. Yo tengo que “investigar” la mía a ver si lo hace también.
En el camino nos encontramos en mas de una ocasión enormes sapos a los que también fotografiamos. Poco a poco fuimos ganando altura suavemente y desplazándonos por el valle hasta llegar a ver las luces de los pueblos del Valle de Villafranca. De nuevo paramos a sacar fotos de ello. Había que ver a Luis colocar la cámara sujeta con el trípode casero que llevaba a cualquier lugar, un indicador, ramas altas, etc. Algo más adelante nos encontramos con una fuente y su pilón. En ella paramos unos minutos antes de proseguir caminando.
Como digo, la pista iba bordeando el valle aquel haciendo curvas, algunas de ellas cerradas. Tras girar en una de ellas contemplamos en la ladera los blanquecinos edificios de lo que fueron antiguas residencias de los mineros. La luna casi llena hacía destacar su silueta en el valle. Para llegar a ellos aún teníamos que recorrer cerca de otro kilómetro con algunas curvas más en el trayecto. Luis, algo conocedor del cielo nocturno, nos iba instruyendo sobre las distintas constelaciones y estrellas visibles en el firmamento.
De esa forma nos fuimos acercando a los edificios aquellos donde no sabíamos si habría o no alguien. La vez anterior que fuimos de día a hacer la ruta estaba un señor que tiene allí una huerta, animales y una vivienda. Aunque no pensábamos que viviese allí, teníamos la duda con nosotros. Las viviendas, en parte derruidas, daban un aspecto totalmente fantasmal a lugar. En la parte más baja se oían algunos ruidos que podían ser de los animales que allí podía tener. Varias fotos sacamos en el lugar donde paramos durante una media hora.
Sobre las 2:45 horas nos pusimos de nuevo en ruta. Ahora la pista se empinaba un poco más zigzagueando por encima de aquellas construcciones ganando altura más bruscamente. Así cogimos otro nivel en el que se volvió a suavizar la pendiente mientras seguíamos serpenteando el valle.
Nuestro objetivo era alcanzar una collada por debajo de la Peña del Seo para acampar allí. No tardando llegamos a una bifurcación del camino. Por la derecha íbamos a dicha collada, mientras que por la otra llegaríamos a las bocas de las minas. Optamos por visitar este lugar antes de subir a la collada. En la pista encontramos algún tramo encharcado que sorteamos sin dificultad. Antes de llegar a las mismas se encuentran unos edificios usados como lavaderos del wolframio. Hasta ellos llega la pista continuando luego un estrecho sendero entre maleza y algunos pedregales. Guiomar no se atrevía a pasar aquel pedrero, sin dificultad alguna por otro lado, y se quedó Luis con ella mientras seguíamos Carlos y yo hasta las bocas de la mina. Por la primera de ellas, como la vez anterior, salía un aire helado. Continuamos hasta la segunda por la que entré siguiendo a Carlos que ya la vez anterior lo había hecho. Tras unos 20 metros encontramos una bifurcación a la izquierda que se dirigía a otra salida. De frente estaba casi tapado el túnel con piedras. En esta confluencia nos hicimos unas fotos con algún murciélago rondándonos. Lo cierto es que era una experiencia extraña estar en ese lugar y a esas horas, las cuatro menos cuarto de la madrugada. Salimos luego por la otra boca y tras recorrer otros 20 metros aproximadamente llegamos a la entrada. Más o menos forman un triángulo equilátero las dos bocas con la bifurcación interior. Regresamos donde nos esperaban Guiomar y Luis, el cual, tras ver las fotos en la cámara mí quiso ir a verlo él también. Se quedó entonces Carlos con ella y fuimos los dos a ver lo mismo otra vez.
De nuevo todos reunidos retrocedimos unos 300 metros bajando suavemente hasta el desvío a la collada. La pendiente se hizo notar de nuevo y bajamos el ritmo. Yo ya iba bastante cansado y no sabía si me darían las fuerzas para subir al pico, alternativa que habíamos comentado Luis y yo en hacer. La vez anterior algunos habíamos subido por el medio del bosque, pero el repecho era aún mayor. Con bastantes paradas seguimos ganando altura y salimos del bosque. Pocos metros más arriba, por la misma pista, alcanzamos la collada donde teníamos pensado colocar las tres tiendas, una individual de Carlos, otra de Guiomar y la última de dos plazas para Luis y para mí. En ese momento eran las 4:20 horas.
La luna se estaba ahora justo a punto de meterse entre dos de las cumbres de la Peña del Seo destacando la silueta del macizo. En una media hora montamos las tiendas y nos decidimos Luis y yo a subir a la peña. Yo le calculaba una media hora desde allí, y poco antes de las cinco emprendimos la ascensión. El sendero hacia la cumbre se encuentra bastante marcado, pero teníamos la contrariedad de la oscuridad. La pendiente era fuerte en este primer tramo hasta alcanzar unas rocas. Por supuesto íbamos sin mochila alguna, tan solo las cámaras de fotos. Nos sobraba incluso la sudadera, que solo llevábamos por si acaso en la cima nos quedábamos fríos del sudor.
Tras pasar por las peñas aquellas subimos otro tramo entre brezo y matojo bajo hasta otra zona rocosa. El sendero continuaba bastante resaltado, aunque en ocasiones nos salíamos de él. Ya bastante arriba nos encontramos con una fisura en la roca que tuvimos que rodear para evitarla. Había calculado mal el tiempo de subida y eran ya las 5:55 horas cuando alcanzamos la cumbre de la peña del Seo, con una altitud de 1600 metros.
La vista que nos esperaba fue indescriptible. La luna casi se metía tras las cimas de la parte oeste destacando de nuevo las siluetas de todas ellas de forma majestuosa. Hacia la parte contraria contemplábamos otra vez las luces de los pueblos del valle de Villafranca del Bierzo. Como había previsto, no me sobró ponerme la sudadera que llevaba a la cintura atada. En la cima encontramos un enorme montón de piedras como hito, pero ninguna señal de buzón, tarjetas o cosa parecida. Aquí sacamos algunas fotos y por supuesto dejamos nuestra tarjeta. La experiencia vivida en esos momentos era realmente inolvidable. Por mi parte ya había subido otras dos cumbres por la noche, la de Peña Galicia y el Correcillas, pero en ninguna de ellas disfruté tanto del paisaje como en esta.
Una media hora estuvimos allí arriba antes de comenzar el descenso. Procuramos seguir el mismo sendero anterior para no despistarnos y terminar en otro valle diferente en vez de en la collada. La luna no se había metido del todo, pero apenas si alumbraba ya de la baja que estaba. A media ladera tuve que cambiar por segunda vez las pilas del frontal. Por el Este comenzamos a vislumbrar poco a poco la claridad del amanecer. En la ladera, ya bastante abajo, vimos una enorme piedra con la perfecta forma de un “1” simétrico.
Con las tiendas ya a la vista casi no necesitábamos ya las linternas para distinguir el sendero. Yo tenía en la cabeza una idea que me rondaba y que al final llevé a cabo. Visto el escaso tiempo que restaba para que saliese el sol, decidí quedarme a ver el amanecer. Mientras Luis bajaba hasta abajo, yo me acomodé en unas rocas a unos 50 metros por encima para contemplar dicho despuntar del sol.
Lo que me esperaba mereció este atrevimiento. Poco a poco fui viendo como las brumas se aposentaban en los valles hasta llegar a formar un bello mar de nubes. Con la salida del sol, a las 7:50 horas, el contraste de colores que formó en dicho mar solo se puede imaginar viéndolo. No intentare tan siquiera hacer dicha descripción ya que me sería imposible plasmar en palabras el espectáculo visual contemplado. Como ya anoté anteriormente, las fotos hechas reflejan, aun con sus limitaciones, lo vivido en directo en esos momentos.
Tras este rato inolvidable descendí hasta las tiendas. Tenía la duda si meterme a dormir o pasar ya de todo y seguir disfrutando del amanecer. De nuevo pudo el afán de aventura y emprendí la marcha por el camino que subía hacia la parte contraria del pico desde la collada. Tenía la intención de ver el mar de nubes desde otra perspectiva, pero vi que la maleza y matorrales situados a la derecha de la pista me impedían acercarme para ver el valle. Sí que pude contemplar más ampliamente toda la peña e incluso las minas de su parte baja. De nuevo en la collada avancé por el camino del valle contrario al de subida durante unos metros viendo en el fondo la carretera que sube a Mosteiros, Corriles etc. Otro rato mas estuve sentado en unas rocas en el camino por el que habíamos subido. Cuando volví a la collada ya se había levantado Carlos.
Poco a poco fuimos viendo como las brumas subían por las laderas de los picos. Carlos se enfundó las botas y comenzó a subir hacia la cima. Guiomar y Luis se fueron levantando y desayunamos. Luego desmontamos tiendas y demás. Yo me tumbé un rato a la sombra y dormité unos diez minutos. Cuando bajó Carlos, al cabo de hora y media larga, terminamos de recogerlo todo y a las 12:00 horas emprendimos el descenso.
Por el camino comenzamos a bajar entrando entre la arboleda. Este tramo era pendiente hasta que alcanzamos el cruce con el que subía a las minas. Las nieblas se habían disipado en gran parte, pero aparecían nubes en el cielo. A pesar de ello, el sol calentaba lo suyo a esa hora. De esa forma fuimos bordeando el valle hasta situarnos encima de los edificios abandonados. Para bajar hasta ellos volvimos a zigzaguear un trecho pronunciado y así llegamos a la altura de los mismos. Allí nos detuvimos unos minutos a la sombra antes de continuar camino del pueblo.
Siguiendo la serpenteante pista fuimos avanzando con el alivio momentáneo de las nubes cada vez más compactas que iban apareciendo. De vez en cuando nos deteníamos a sacar alguna foto diurna de la ruta. Así alcanzamos la fuente donde nos refrescamos del calor reinante. Eran las 13:30 horas.
No tardamos en tener a la vista el pueblo para el que aún nos quedaba un buen trecho. Al lado del camino encontramos numerosos zarzales cargados de moras que degustamos cuanto quisimos.
Poco después de las dos de la tarde entramos en Cadafresnas. En una pradera por debajo de las antiguas escuelas dejamos las mochilas y subimos al cercano bar a por bebida fría. Regresamos a dicho lugar y nos acomodamos a la sombra de un nogal para comer tranquilamente. Durante más de hora y media estuvimos allí sentados comiendo y de charla. A continuación lo recogimos todo al coche y poco antes de las 16:00 horas emprendimos el regreso.
Por la estrecha carretera avanzamos hasta alcanzar una colladina entre valles para descender hacia Corullón y Villafranca. En ésta entramos a la autovía por la que circularíamos varios kilómetros hasta Astorga. A mí me daba el sueño y eché alguna cabezadita. Lo malo es que venía atrás y el sol me iba dando de lleno en la coronilla, por lo que traía la visera puesta.
Ya fuera de la autovía llegamos a San Martín del Camino donde nos detuvimos a tomar un refrigerio y hacer las cuentas de la gasolina gastada. Una media hora estuvimos allí antes de volver a la carretera ya sin intención de parar más.
Sobre las 18:30 horas entramos en León y fuimos a dejar a Guiomar en casa. Luego hicimos lo mismo con Carlos en Armunia y por último me dejó a mí también. Antes de irse Luis estuvimos descargando las fotos de su cámara en el ordenador para aprovechar las que había podido sacar por la noche con la exposición larga.
Pues este es el final del relato de este inolvidable fin de semana. Reiterando lo ya apuntado anteriormente, ha sido para mí de las mejores travesías nocturnas que he hecho desde que comenzamos esta ya tradicional actividad. Solo deseo que podamos realizar infinidad de ellas más a lo largo de los próximos años.































domingo, 8 de agosto de 2004

VEGARADA - REDIPUERTAS 08-08-04

 


1ª TRAVESÍA “VEGARADA-VALLE DE FARO-REDIPUERTAS”.

08-08-04         (Domingo)

A tan solo una semana de la última salida del club, hemos vuelto a realizar otra actividad, en esta ocasión dentro de nuestra provincia en su límite con Asturias. Para ello nos desplazamos hasta el puerto de Vegarada, ya muy conocido por nosotros dado el amplio número de cumbres que desde él se pueden acceder y a las que en su mayoría hemos ascendido. Esta vez se trataba de una travesía desde su parte alta hasta un collado cercano y descenso por el valle hasta el pueblo de Redipuertas, a unos 5 kilómetros más abajo del mismo.
Como no tenía la furgoneta para acercarme hasta Guzmán, lugar de partida, salí para esperar al bus. Estando en ello vi que me sobraba tiempo para ir andando y no lo pensé más. En 25 minutos hice este tramo hasta dicha glorieta donde no tardaron en llegar los demás. En los coches de José Antonio y José F. nos acomodamos Guiomar, Carlos, Carmen y yo. Poco después de las 8:30 horas emprendimos el viaje hacia el puerto de Vegarada (1560 m).
El cielo alternado de nubes y claros no nos predecía el día que luego terminó haciéndonos. Tras pasar La Vecilla, llegamos a Lugueros donde nos detuvimos ya que José F. tenía que hacer unos trámites. Nos encontramos con el pueblo en fiestas y un pasacalles que sacaba a los vecinos de las casas literalmente. Tras unos diez minutos emprendimos la marcha de nuevo y no tardamos en llegar al alto del puerto parando en las inmediaciones del mesón. En principio teníamos que quedar allí y los conductores bajar a dejar uno de los coches en Redipuertas para evitar subir los 5 kilómetros de subida al final de la travesía. Ahora supimos lo que José F. había tratado en Lugueros, que no era otra cosa que acordar con un sobrino suyo la hora en que pasaría por Redipuertas para subir a por los coches a los conductores.
En el mesón tomamos un café y sobre las 10:30 horas comenzamos la ruta prevista. Por la pista subimos unos metros antes de abandonarla hacia la ladera de la izquierda. Por entre prados y algunas escobas fuimos ganando altura poco a poco hacia el Portillo de Faro, entre el pico Faro y Quemada. Unos minutos después de dejar la pista encontramos el sendero bien marcado hacia dicho punto. El paisaje iba siendo cada vez más amplio hacia nuestra izquierda y no tardamos en divisar las cumbres de la estación invernal de San Isidro, como la del pico Agujas o Toneo. Igualmente, echando la vista detrás, fueron apareciendo las cimas del pico Nogales y Jeje, a los que en principio equivoqué dado la poca perspectiva que aún teníamos.
En el ascenso encontramos algunas praderías de verdor intenso en las que pastaban tanto vacas como caballos en una bella estampa. El grupo, aunque pequeño, se fue disgregando y subíamos en grupos algo separados unos de otros. La pendiente era bastante suave ya que el sendero zigzagueaba constantemente. Delante teníamos las cimas que nos impidieron ver venir las nubes que cubrieron el cielo en escasos minutos. No tardó en ponerse a lloviznar y se mantuvo así un rato antes de cesar tan repentinamente como había comenzado.
Teníamos ya a la vista la collada a la que se accedía tras subir por un sendero que veíamos ladear la falda entre un pedrero. Carlos, José A. y Guiomar ya se habían adelantado mientras nosotros tres quedábamos algo rezagados. Lo cierto es que era una travesía corta y no teníamos prisa alguna. Al alcanzar la cima de un montículo divisamos una amplia vista hacia los valles asturianos con un contraste de colores realmente bonito. Debido a las nubes grisáceas, los picos se veían también de un colorido azulado raro. En una panorámica circular contemplamos estos valles así como las cimas del pico Jeje, Nogales, Toneo, Agujas y Torres.
No fue hasta alcanzar el collado del Portillo Faro (1969 m), a las 12:00 del mediodía, cuando vimos hacia la parte contraria todo lo que se avecinaba. La niebla cubría todas las cumbres cercanas, la del Huevo, Faro, así como las del Canales y Morala, que suponíamos teníamos enfrente. El viento era fuerte dado el encajonamiento de dicha collada. Por detrás de nosotros subían tres personas con un perro que no se detuvieron nada. De arriba bajó una pareja de montañeros a los que conocíamos de alguna salida conjunta con otros clubes.
Nuestro objetivo inicial era pasar de aquel lugar hacia la collada de la Puerta de Faro, situada entre el pico Faro y Huevo, los dos a nuestra derecha, para lo que teníamos que bordear el primero de ellos por su falda. Dado que ni siquiera veíamos dicha collada y que no tardó en echarse a llover de nuevo con fuerza, optamos por emprender el descenso directamente hacia el valle de Faro desde allí mismo.
Mientras Carlos y José Antonio se adelantaban y se iban hacia la derecha, Carmen, Guiomar, José y yo seguimos un sendero por la parte izquierda bajo el pico Quemada. Enseguida lo perdimos y nos fuimos encontrando con cauces de arroyo que bajaban hacia el fondo del valle por lo que nos metimos “a saco”. A pesar de lo escabroso del terreno, yo lo iba pasando de miedo. Me parecía mas divertido que bajar por el sendero en el que ya veíamos a Carlos mucho más alejado por la parte derecha del valle. De vez en cuando teníamos que salir de los surcos y atravesar entre escobas de no mucha altura, lo que sí hubiese supuesto mayor engorro. Por su parte, Carmen iba con algo de precaución debido a una lesión de la que aún está en rehabilitación. La lluvia caía sobre nosotros sin ánimo de cesar mientras nos deslizábamos hacia el fondo del valle. Por el mismo transcurría un sendero algo más marcado en el que poco después vimos a Carlos mientras que a José A. le divisamos en la ladera contraria. De esa forma tan aventurera llegamos abajo donde cogimos dicha senda con dirección a una caseta que habíamos observado desde la parte alta y donde habíamos decidido parar a comer.
Por el sendero salimos a unos prados en la confluencia de otro ramal del valle en la cual encontramos una bonita cascada que fotografiamos. En esos momentos no llovía, aunque se mantenía el aspecto gris del día. Tras pasar un arroyo que bajaba del ramal de la derecha, entramos en un camino algo más ancho que se dirigía hacia la caseta llegando sobre las 15:30 horas a la misma.
Por debajo de ella nos dijo José Antonio que había otra bonita cascada, por lo que antes de ponerme a comer decidí acercarme a verla. Primeramente bajamos por la parte de la caseta unos metros hasta divisarla. Nos dimos cuenta de que tenía que observarse mejor desde la parte contraria, así que subimos de nuevo para descender por un sendero hasta el río y pasar por encima de ella a dicho lugar. Desde allí sí se contemplaba toda ella completamente.
El refugio, de unos 10 metros cuadrados, disponía de varias sillas, una mesa, útiles de cocina y una chimenea que ya habían prendido y a la que nos acercamos para secarnos un poco mientras comíamos. En él sacamos unas fotos antes de ponernos en marcha. Justo en ese momento, y como si fuese adrede, comenzó a llover de nuevo.
Eran las cuatro cuando salimos a recorrer el último tramo hasta el pueblo. En el camino vimos varios sapos pequeñitos que salían a la humedad. Llovía con todas las ganas y ya no nos molestábamos ni en apresurar el paso. Lo poco que nos habíamos secado en el refugio no nos sirvió de nada.
En unos 45 minutos escasos llegamos a Redipuertas, (1307 m). A la entrada, al otro lado del arroyo, se encuentra la iglesia a la que nos acercamos algunos. Desde ella se tiene una vista amplia del pueblo que la lluvia nos impidió disfrutar. Ya en el pueblo, y como aún nos quedaba media hora larga para que fuesen a recoger a los conductores para subirles a por los coches, nos refugiamos bajo el alero de una casa.
De la misma salió una mujer que nos invitó a pasar y tomar un café. Dado el estado en el que estábamos, todo empapados, declinamos el ofrecimiento agradeciéndoselo de veras. Tanto insistió, que terminamos por acceder y en la cocina nos sirvió unos cafés e infusiones con algunas pastas incluso. Realmente hay que destacar la cordialidad y generosidad de dicha gente de forma encarecida.
A la hora convenida llegó el sobrino de José y acercó a éste y a José Antonio a por los coches al puerto. Tras su regreso agradecimos de todo corazón el detalle de aquella familia con nosotros y nos despedimos de ellos. Seguía lloviendo copiosamente cuando montamos en los coches. Para colmo, a J. Antonio se le habían caído las llaves en el maletero y nos mojamos aún más buscándolas.
El viaje lo hicimos sin detenciones ya que los del coche de José, que venía delante, nos avisaron por teléfono que ya no paraban. Así que, con la lluvia como acompañante durante casi todo el camino, llegamos a León. Por la ronda Este bordeamos la ciudad y me trajo hasta la misma puerta. Eran las 19:00 horas aproximadamente.
Para disgusto mío, el día no iba a terminar tan bien como esperaba. Tras llegar a casa y comenzar a quitarme la ropa mojada que no nos habíamos podido cambiar, eché en falta el podómetro. Después de mirar entre la ropa, sobre todo en el pantalón donde lo llevaba prendido, mochila, bolsas, etc., llegué a la conclusión de que se me había perdido. La última vez que me acordaba de haberlo mirado fue poco después de comenzar a bajar desde la collada, así que me imagino que fue entre toda la maleza y escobas donde se me soltó. Llamé incluso a José Antonio a ver si se había soltado en el coche, pero con resultado negativo. Lo siento porque me ha durado un suspiro, desde la salida al Gorbea cuando lo compré en Burgos hace mes y medio solamente.
Así que, con este final tan pesaroso, termino el relato de esta salida, que solo por el calendario y no por la climatología, puede decirse que fue estival.                 























lunes, 2 de agosto de 2004

“COTILLOS- FALDA DE PEÑA SAGRA-COTILLOS ”. (Polaciones - Cantabria). 31-07/01-08-04

 

1ª TRAVESÍA “COTILLOS- BASE DE PEÑA SAGRA-COTILLOS ”. (Cantabria).

31-07/01-08-04

Este fin de semana, ultimo del mes de julio y primero de agosto, hemos realizado una bonita travesía por la zona cántabra del valle de Polaciones, situado entre el de Potes y el de Reinosa. Por dicho valle transcurre el río Nansa que recorre las numerosas poblaciones del mismo hasta su desembocadura en el no lejano Cantábrico.
Uno de los macizos que limitan esta cuenca por la izquierda es el de Peña Sagra, que a la vez lo separa de la ribera del Deva que atraviesa el valle de Liébana con Potes como población principal. Nuestro objetivo era ascender por dicha sierra y contemplar parte de ese valle y las cumbres que sobre él destacasen, entre ellos los Picos de Europa.
Todo ello resultó como esperábamos y pudimos disfrutar de un tiempo inmejorable para dicho empeño. A continuación intentaré relatar con el máximo detalle el transcurso de la actividad realizada.

SÁBADO 31
El grupo participante quedó dividido en dos para realizar el desplazamiento. Mientras algunos lo hacían por la mañana, otros, debido al trabajo como yo, lo aplazamos para la tarde. En el primer grupo marcharon: Antonio, Sonia, Jorge, Guiomar, Luis, Juan y Roberto. Por la tarde lo hicimos José F., Carmen y yo.
Tras salir de trabajar me preparé para emprender el viaje. En León recogía a José y luego a Carmen, saliendo de la ciudad sobre las 18:30 horas. Por la nacional llegamos a Mansilla donde nos desviamos hacia Sahechores. Aquí volvimos a girar hacia Almanza y en éste a Puente Almuhey. Ya con dirección a Guardo entramos en la provincia de Palencia y antes de dicha población paramos unos minutos. Desde allí contemplamos el pico Espigüete ya no lejano.
Sin novedades atravesamos dicha población entrando en la comarca de La Peña. Así llegamos a Cervera de Pisuerga por el que también pasamos para salir hacia el puerto de Piedrasluengas, límite de Palencia y Cantabria. Poco después de Cervera se asciende otro pequeño puerto donde se encuentra el mirador de La Mata en el que nos detuvimos. Eran las 20:20 horas. La vista era espectacular destacando de nuevo las cumbres del Espigüete y Curavacas. Como dato curioso destacaré la enorme cantidad de hormigas voladoras que se nos pegaban al cuerpo molestamente.
Tras unos minutos allí reanudamos el viaje hacia el otro puerto donde llagamos en pocos minutos. En su cima se encuentra otro mirador desde el que se puede contemplar una espectacular vista de los Picos de Europa así como el macizo de Peña Labra al lado contrario.
El sol ya estaba decayendo y su puesta prometía ser realmente bella. Un rato estuvimos allí viendo la misma junto con otros jóvenes que también habían parado. De nuevo en ruta comenzamos a descender el puerto atentos a la bifurcación que teníamos que encontrar y que divide la carretera hacia los valles de Polaciones y de Potes.
Pues bien, a pesar de ir con esa precaución, nos lo pasamos y bajamos hacia éste último. En busca de un lugar adecuado para poder dar la vuelta, vimos como el sol se iba a meter tras los Picos de Europa con un colorido rojo indescriptible. No lejos se encuentra la población de Venta Pepín donde nos detuvimos. Había que vernos a Carmen y a mí por los prados intentando captar la mejor foto de dicho espectáculo luminoso. Cuando no era una torreta de la luz y los cables, era la carretera la que se nos interponía en dicho objetivo, pero al fin encontramos el lugar idóneo para dejar plasmadas, para mí, algunas de las mejores fotos que he sacado en la montaña. Cuando ya regresábamos hacia el coche noté que algo me había picado en el cuello y me empezaba a escocer. Creo que Carmen también se había ortigado un poco.
También estando allí recibimos la llamada de Antonio para preguntarnos como íbamos y decirnos que ellos estaban también de camino tras haber pasado la jornada visitando una cueva con pinturas rupestres y haberse acercado a la playa de Pechón.
Tuvimos que subir de nuevo un poco hasta el desvío de la otra carretera por la que comenzamos a descender hacia el valle de Polaciones. Hacia la parte de Peña Labra contemplamos un bonito cielo de color amarillento provocado por el reflejo del sol situado al lado contrario. Poco a poco fuimos perdiendo altitud y llegamos por fin a Pejanda, donde teníamos reservado el alojamiento. Al lado de la carretera se encuentra la Posada “Molleda”, en la cual pasaríamos la noche y donde habíamos quedado con el resto. Eran las 21:40 horas y habíamos recorrido 171 Km.
En la terraza nos acomodamos a tomar un refrigerio mientras hacíamos tiempo a que llegasen. En el interior del bar tenían una bonita colección de rabeles, especie de bandurrias construidas artesanalmente con madera, cuero, pieles etc. y con formas curiosas como la hecha a partir de una madreña u otra con parte de la forma de un lobo. Con esta última estuvo tocándonos unas notas el mismo constructor de la misma. En este valle es tradicional dicho instrumento y su sonido parecido al violín.
De pronto, y sin previo aviso, comenzaron a caer unos goterones de lluvia exagerados. Tuvimos que entrar al bar para no empaparnos en poco tiempo. Las nubes de tormenta que anteriormente habíamos visto lejanas hacia el norte estaban ahora encima descargando. En ese momento llegaron los demás y entonces decidimos cenar allí mismo en la posada.
En el comedor nos acomodamos y cenamos cada uno lo que eligió del menú. Aproveché el momento para entregarles las nuevas camisetas que se hicieron por cuenta del club y que eran de color amarillo con el anagrama centrado delante. Tras ello bajé a llevar a José y a Carmen hasta el pueblo siguiente, Puente Pumar, donde tenían ellos reservadas las habitaciones por motivo que no viene al caso.
De regreso a Pejanda salimos a dar un breve paseo por la carretera disfrutando de una bella vista de la luna llena sobre las cumbres del valle. La temperatura era agradable y tras un rato por allí regresamos hacia la casa donde nos fuimos distribuyendo en las habitaciones ya repartidas anteriormente. Yo dormiría con Roberto en una de ellas. Entre unas cosas y otras eran más de las dos y media cuando nos quedamos en silencio. Habíamos estado charlando y teníamos la tele puesta. Yo llevaba con tortícolis todo el día y me molestaba ahora el cuello en la cama, por lo que tardé algo más en dormirme. Aún así no pasé del todo mal la noche.

DOMINGO 01
A las 8:00 horas habíamos puesto el reloj a tocar. Nos levantamos y preparamos para la jornada. Mientras esperábamos a entrar para desayunar llegaron José Luis y su sobrino José, dos amigos de Antonio que habían pasado la noche en Cotillos y que iban a ser nuestros guías. Como tenían que bajar a por pan, aprovecharon el viaje para recoger a Carmen y José F.
Poco después de las 8:30 horas pasamos a desayunar, que a diferencia de la cena, entraba dentro del precio convenido del alojamiento. Tranquilamente lo hicimos y ultimamos los preparativos para la marcha. Tras abonar la estancia y demás, salimos hacia Cotillos, pueblo situado más arriba en el puerto y un poco desviado de la carretera general.
En el mismo aparcamos los coches cerca de una fuente y nos compusimos para la ruta. Poco después de las 10:00 horas la comenzamos atravesando el pueblo y pasando cerca de la casa donde había nacido José Luis, ahora destruida por un incendio. La vista del valle era espectacular teniendo de frente Peña Labra y todo su macizo. El sol ya lucía espléndido y comenzaba a calentar. Lo grato de esta ruta es que transcurre la mayor parte de ella entre bosque que ofrece buena sombra al caminante.
A la salida de un prado nos encontramos con una pareja de ancianos que conducía un pequeño tractor con el remolque a rebosar de hierba a los que saqué una foto por lo típico de la estampa. Como digo, la vegetación era abundante y exuberantemente verde. Los árboles, de varias clases, tenían curiosas formas en sus troncos y ramas donde el musgo y los líquenes se adueñaban de las mismas.
El camino subía y bajaba a trechos teniendo hacia la derecha la caída hacia el valle oculto por el bosque. Una alambrada surcaba dicha margen del sendero y en un momento determinado nos puso un poco en apuros para atravesarla, lo que al final se solucionó encontrando el lugar apropiado para ello. Entramos así en una vaguada estrecha por la que bajaba un arroyo de escaso caudal. José Luis nos condujo por el mismo durante unos metros en busca de alguna bonita poza donde chapuzarse, el que quisiera, pero la reducida corriente no daba para ello.
Regresamos entonces unos metros para seguir de nuevo el camino dejado tras la alambrada. Antonio y alguno más decidieron meterse por el medio del bosque mientras el resto ascendíamos por el sendero hasta llegar a un descampado cerca de una cabañas donde paramos a la sobra unos minutos. Esperábamos hasta ver aparecer a los demás algo más arriba y nos pusimos de nuevo en marcha. Aquel tramo de pradera en pendiente y al sol costó un poco más subirlo. Así nos reunimos todos de nuevo y estuvimos parados un rato en el que alguno aprovechó para tomar un bocado.
En ruta otra vez tuvimos que atravesar una nueva alambrada para salir a un ancho camino que ascendía por la ladera del monte dejando el valle principal a la espalda. Durante otro tramo nos pegó de nuevo el sol de lleno. En medio de la pista encontramos otra cancilla que atravesamos tras abrirla. Hasta ahora habíamos visto muchas cercas y ningún ganado que retener con ellas.
Unos metros más adelante abandonamos la pista para entrar de lleno en el bosque por un sendero apenas imperceptible. En hilera fuimos subiendo por el mismo hasta salir de él y entrar en una zona donde las escobas subían por encima de nuestras cabezas. Pocos metros nos separaban de nuestro principal objetivo, el collado desde el que podíamos contemplar parte del valle de Liébana y los numerosos picos que lo circundan.
Sobre las 12:10 horas alcanzamos esta altitud desde la que tuvimos una vista impresionante de lo comentado. Haciendo un barrido de izquierda a derecha podíamos contemplar cimas tan conocidas como las del Espigüete, Curavacas, Tres Provincias, Peña Prieta, Coriscao y como no, la mayoría de las cumbres de los macizos Oriental y Central de Picos de Europa. Una ligera bruma restaba algo de esplendor a dicha panorámica y las fotos no salen con mucha definición. Hacia la parte trasera izquierda también contemplábamos el macizo de Peña Labra y a la parte trasera derecha la cumbre de Peña Sagra, en cuya sierra nos encontrábamos. Igualmente veíamos parte del valle de Liébana con algunos pueblos en el fondo y muy lejano el puerto de San Glorio. Esa misma vista ya al atardecer tenía que ser realmente portentosa.
Ascendiendo unos metros hacia nuestra izquierda tuvimos otra perspectiva de dicho paisaje. El verdor intenso de la pradera se unía a aquel espectáculo visual. De nuevo bajamos hacia el collado para subir hacia la parte de la derecha unos metros. Por entre matorral que arañaba las piernas de los que llevaban pantalón corto alcanzamos otro alto tras el cual había más bosque por el que descendimos unos metros antes de acomodarnos para comer. Eran las 13:00 horas. Hasta allí llevábamos algo más de 5 kilómetros según mi podómetro.
En el suelo o en troncos nos sentamos para reponer energías. El bosque nos tapaba cualquier vista, pero el lugar en sí ya era bonito por él mismo. A lo largo de hora y media estuvimos allí acomodados antes de ponernos de nuevo en marcha. Subimos hasta la parte alta y volvimos a entrar entre los matorrales. Esta vez íbamos a bajar por la parte contraria para hacer la ruta circular. Por un sendero que apenas si se veía entre la maleza descendimos un trecho hasta meternos una vez más en arboleda. Algunos tramos eran bastante pendientes, pero los sorteamos fácilmente. El contraste de luces y sombras daban al entorno un aspecto casi mágico.
Tras un tramo de bosque, entramos en otro de grandes helechos entre los que bajamos como pudimos haciendo casi el sendero nosotros. En el valle teníamos ya cerca el camino que ya nos llevaría de regreso a Cotillos. Antes de llegar a ésta pista hubo que pasar otro tramo pendiente y con numerosas ramas cruzadas donde había que ir con algo más de precaución para no tropezar. Aquí estuve grabando un poco con la cámara de fotos.
Sobre las 14:50 horas alcanzamos el camino aquel que bordeaba otro valle. La arboleda nos seguía librando del caluroso sol bastantes trechos. Así llegamos a una bifurcación donde tomamos el ramal de la izquierda. El camino comenzó entonces a bajar algo más visiblemente y volvimos a tener a la vista el macizo de Peña Labra. En un prado al lado de la pista vimos las primeras y únicas vacas de toda la ruta. También encontramos en medio otra cancilla que tuvimos que franquear.
Ya no muy lejos del pueblo vimos alguna edificación de piedra usada como cuadras y corrales. A las 15:30 horas entramos en Cotillos por la única carretera de acceso al pueblo. A la entrada teníamos los coches y en la fuente saciamos la sed. Yo no tenía agua desde la comida, aunque tampoco había pasado excesiva sed.
Aquí nos cambiamos de calzado y ropa sudada a la vez que decidíamos que hacer el resto del día, ya que era aún pronto para regresar directamente a casa. Se propuso irnos hasta la playa un rato, pero como había quien no podía llegar a casa tarde, tuvimos que desistir, lo que sinceramente me mosqueó un poco, ya que siempre he dicho que no se puede salir con prisas a las excursiones. Por ello optamos por emprender el regreso y parar donde nos conviniese.
Tras despedirnos de José Luis y José, que se iban hacia Santander, nos pusimos en ruta. En un mirador del puerto paramos un momento y continuamos hasta la cima. Allí se comienza el descenso hacia la parte palentina y llegamos a San Salvador de Cantamuda donde entramos. Algunos se acercaron a ver la iglesia y luego nos sentamos en una terraza de un bar a tomar un refrigerio. Tranquilamente se pasó hora y pico antes de reemprender el viaje.
A mí se me había olvidado llenar el depósito de gasoil el día antes y estaba temblando por si no me llegaba a la gasolinera de Cervera. Aún no se había iluminado la reserva, pero la aguja apenas se movía. Así llegamos a dicha localidad donde reposté combustible y continuamos ya más tranquilos. Habíamos decidido parar de nuevo en Almanza a tomar algo, pero al llegar a Guardo, y tras haberlo ya casi atravesado recibía la llamada de Sonia para decirme que habían parado en las piscinas de allí a darse un chapuzón. Me habían sacado alguna ventaja antes y les había perdido de vista.
Como ni José, ni Carmen ni yo teníamos ganas de parar para ello, volvimos hasta donde estaban y les dijimos que nosotros continuábamos el viaje. Así lo hicimos entonces pasando Puente Almuey, Almanza y Sahechores donde cogimos la carretera hacia Mansilla. Aquí enfilamos el último tramo hacia la capital donde dejé a Carmen y a José antes de llegar a casa sobre las 20:30 horas. A mi parecer habíamos perdido toda la tarde, pero bueno, al menos la ruta mereció la pena y el resto de la salida, incluido la puesta de sol del día antes, compensaba dicha decepción.